Pensamientos en Víspera de Navidad

Pensamientos en Víspera de Navidad

24 de Diciembre, 2017.

11:45pm

 

“Así debe ser la Navidad”, me digo a mi misma mientras estoy sentada bajo las luces que cuelgan del techo de mi casa.

Realizo una introspección de mi misma, de cómo me siento en este momento, descubriendo paz interior.

En medio del silencio de la noche, acompañada de pequeños soplos de aire fresco comienzo a pensar en cada una de las personas con las que estoy compartiendo esta noche, en especial mi familia.

Lentamente esos pensamientos van dirigidos a mis amigos, los que están cerca de mí, los que veo cada semana, los que tengo rato de no ver y uno que otro, que a pesar del tiempo y la distancia sigue permaneciendo dentro de ese pequeño y especial círculo de personas que realmente quiero.

Pienso en cada una de las cosas que he logrado en cada día del año, destacan primero momentos de satisfacción personal: concluir mi posgrado, mi graduación, mi primer trabajo. Logros que celebré rodeada de ese pequeño círculo de personas que detalla para mí un nuevo significado de amor.

Luego, comienzo a pensar en esos méritos reservados solo para mí, momentos que significaron superar algunos de mis temores: como lo es recitar mis escritos en público, cantar con mis amigos, hablarle a alguien a quien no sabía cómo acercarme, conocer personas nuevas, dejarme asombrar por la vida que estoy comenzando, reconocer que soy capaz de lograr grandes cosas, saber aprovechar esas pequeñas coincidencias que la vida te pone en el camino… y muchas otras más.

Cada uno de esos recuerdos forma instantáneamente una sonrisa en mi rostro y me detengo a pensar y me digo “y hace un año, ¿a esto le tenías miedo?”. Porque si, hace un año, sentada bajo las mismas luces me detuve a pensar de lo que sería de mí este año y lo miraba vago e incierto y la reacción normal de todo ser humano ante una situación desconocida es tener miedo. Pero que bien se siente decir “lo logré”.

En una semana comienza un nuevo año y a pesar de que el temor vuelve a estar rondando sé que voy a poder y que de nuevo, en la época más mágica del año voy a volver a tener el mismo sentimiento de satisfacción personal. No necesariamente porque todo va a ser perfecto, sino porque sé que al igual que este año, voy a ir dando pasos pequeños que me van a llevar a tener de nuevo momentos de paz interior.

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Semana Santa, León y el lente de mi cámara… (Parte III)

Jueves Santo

En este día inicia lo que se le conoce como “Triduo Pascual”. Son los tres días antes del Domingo en los que se conmemora y se reflexiona sobre la muerte de Jesús.

En León, la mañana del Jueves Santo inicia cuando todo el clero, es decir, todos los sacerdotes de la diócesis de León y Chinandega, se reúnen en Catedral para celebrar junto con el Obispo Mons. Bosco Vivas la “Misa Crismal”.

Durante la Eucarística se consagra el “Santo Crisma” y se bendicen además los óleos y aceites utilizados en los bautizos y confirmaciones.

La razón por la cual se celebra un Jueves Santo, es para poder contar con dichos óleos en la Vigilia Pascual, donde generalmente se realizan sacramentos de iniciación cristiana.

Por la tarde, toma lugar la misa que evoca la Institución de la Eucaristía en la Última Cena. Es conocida por el gesto del “lavatorio de los pies“. El gesto es realizado por el sacerdote que preside la misa, él lava, seca y besa los pies de 12 hombres que representan a los 12 Apóstoles.

Al finalizar la Eucaristía, la hostia consagrada es colocada y reservada, no en el Altar principal, sino en otro elaborado para la noche del Jueves Santo. Como señal de respeto, las imágenes de los demás Santos se cubren con un manto oscuro.

Es en este momento que da inicio la visita a los “Monumentos”. Se visitan siete altares en siete diferentes Iglesias, en representación de los siete lugares a los que fue trasladado Jesús antes de su condena a muerte.

Una procesión destacada del Jueves Santo, es la procesión del “Silencio” en la que la imagen de Jesús con los ojos vendados y las manos atadas.

Semana Santa, León y el lente de mi cámara…

Hasta donde mi mente deja recordar, durante mi vida no he sido parte del grupo de personas que durante las celebraciones de Semana Santa visita los balnearios nacionales.

Nunca fue parte de la “tradición familiar”, aún teniendo Poneloya a unos 15 o 20 minutos de distancia. Debo admitir, que si bien al ser niña no entendía bien por qué mis amigos podían ir al mar y yo no, nunca fue algo que cuestioné a mis padres.

Ahora un poco mayor, comprendo que esta costumbre viene desde mis abuelos. Pues bien, la verdad lo agradezco, me ha permitido apreciar las distintas celebraciones religiosas, muchas de ellas con trasfondos históricos, que se llevan a cabo durante estos días importantes para la religión Católica.

Así que, motivada por este sentimiento, he decidido hacer un pequeño fotoreportaje para todo aquel, de León o de cualquier parte del país, extranjero, creyente o no creyente pueda conocer un poco de la cultura, vivencias e historia que envuelven a la ciudad colonial durante Semana Santa.

Y bien, ¿con qué inicia Semana Santa?

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Domingo de Ramos…

El día comienza en diferentes Iglesias con la bendición de las palmas. Procedida de la procesión de “El Señor del Triunfo” o popularmente conocida “la procesión de la Burrita”.

Dicha procesión representa la entrada de Jesús a Jerusalén; las palmas fueron utilizadas para recibirlo a como se hacía con los reyes de la época.

La parroquia de San Felipe, ha organizado por años un cruce representativo en el cual se puede apreciar la imagen de Jesús sobre la burrita cruzando el portal, simbolizando la entrada a Jerusalén.

Los feligreses se congregan y siguen piadosos la procesión, profesando su fe, mientras agitan palmas y cantan a una sola voz.

Posteriormente la procesión sigue su camino durante un par de calles más, hasta llegar a la Iglesia de San Felipe.

Finalmente, la imagen es colocada en el altar y la celebración Eucarística inicia.

Nosotros, los jóvenes “individualistas”

He vivido toda mi vida en León, excepto los últimos 4 años, ya que a partir del 2013, al iniciar mis estudios universitarios tuve que vivir, al menos de lunes a viernes, en Managua.

Tengo 20 años y actualmente soy egresada de la carrera de Comunicación y Relaciones Públicas.

Dentro de las muchas situaciones que he afrontado durante mis años de estudio, una de ellas ha sido usar los interlocales, o como algunos prefieren llamar, intermortales. De estos guardo pocos recuerdos, posiblemente por todas aquellas veces en las que, por imprudencia de los conductores, he estado a punto de verme envuelta en algún accidente de tránsito.

En los interlocales, generalmente, suelo pasar las horas de viaje escuchando música en mi celular, pero, el día de hoy, 20 de enero del 2017, por algún motivo, decidí no hacerlo. Tomé mi asiento como de costumbre, inmediatamente el microbus comenzó a llenarse, subieron dos pasajeros, ambos oscilaban los 40 años y según pude escuchar, se desempeñaban como profesores en la Facultad de Derecho de la UCA.

Al ir sin mis audífonos sin ninguna dificultad escuchaba su conversación, la cual llamó mucho mi atención.

La plática, se trataba sobre cómo habían sido sus años en la universidad, uno de los señores expresó su molestia con respecto a uno de sus profesores, quien “no les enseñaba lo suficiente” porque los miraba a ellos, sus alumnos, como futura competencia. Este mismo señor, continuó luego citando lo brillante que eran sus compañeros de clases y los cargos laborales que ocupaban en la actualidad.

Posterior a eso, comenzaron a hablar de los actuales estudiantes de derecho de la UCA, este tema los llevo, a compararlos con estudiantes de la misma carrera en otras universidades, incluyendo la mía, la UAM. Debo admitir que en este momento tomé mayor interés en escuchar lo que decían, puesto que este debate entre las dos universidades lo he escuchado con frecuencia.

Mi desagrado comenzó, no al escuchar los típicos estereotipos que comúnmente se dicen sobre los estudiantes de la UAM, sino, al escuchar los típicos estereotipos que se dice sobre nosotros, los jóvenes en general, esos estereotipos que, citando sus propias palabras, nos encasillan como personas “egoístas” e “individualistas”.

Este señor,aduló a los alumnos de la UCA en cuanto a los conocimientos legales que poseen, pero, les criticó el ser diferente a generaciones pasadas, o más bien, a la generación a la que él perteneció… ¿el por qué? Porque a su parecer, todos los jóvenes somos ajenos a la realidad en la que vivimos.

Nos categorizó como personas cómodas y que no nos cuestionamos, supuestamente, porque desconocemos la historia nacional, porque no leemos, porque no tenemos criterio, porque somos conformistas, porque nos interesan solo nuestras cosas… y la lista siguió… siguió encerrándonos dentro de un estereotipo.

Me molesté, y me molesté porque yo no soy así, porque no somos así… Y si ese fuera el caso, ¿en verdad seríamos nosotros los de la culpa? ¿O sería culpa también de adultos como él, pertenecientes a esa misma generación que tanto nos critica?

La culpa del desconocimiento, no es solo de quién no la busca, sino también del que no comparte el saber.

Tal vez, no todos somos capaces de levantarnos públicamente ante aquello que nos molesta de la sociedad en la que vivimos, tal vez, no todos somos capaces de expresar lo que pensamos, nuestros desagrados; tal vez, no todos somos capaces de hacer algo por eso que queremos cambiar, pero eso no nos vuelve ignorantes o desprendidos de nuestro contexto.

Para aquellos adultos que piensan así de nosotros, les digo que, cada generación es diferente, es probable que nosotros no creciéramos entre conflictos sociales, guerra y descontento popular, pero si vivimos bajo las decisiones que han tomado, vivimos en la sociedad que ustedes han construido y la mentalidad que han modelado.

Pero si aún así deciden criticarme a mí y los demás jóvenes, comprendo, al final de cuenta, para muchos, como para este señor a quien escuché hablar en el interlocal… solo soy alguien más que va a terminar detrás de un escritorio.